Cartografía en el continente blanco. El IGN en la Campaña Antártica de Verano 2025/2026
Cartografía en el continente blanco. El IGN en la Campaña Antártica de Verano 2025/2026

Por María Dolores Puente.
Introducción
La Antártida es, para la Argentina, mucho más que un territorio remoto: es un espacio de presencia sostenida, investigación científica y construcción de conocimiento estratégico. En ese escenario, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) volvió a decir presente durante la Campaña Antártica de Verano 2025-2026, desplegando capacidades técnicas clave en varias bases antárticas.
En los meses de verano, un equipo de profesionales del IGN llevó adelante una serie de tareas de relevamiento en terreno orientadas a fortalecer la base de información geoespacial del continente. A partir de esta base de información se construye la cartografía de Antártida, tanto a escalas regionales como de detalle de las diferentes bases. A su vez, el personal realizó tareas de apoyo y mediciones en colaboración con otros organismos. Los trabajos estuvieron enfocados en obtener datos precisos en condiciones extremas para sostener, mejorar y proyectar la cartografía antártica argentina.
Relevar para conocer: el trabajo en campo
El equipo se desplegó mayoritariamente en las bases Esperanza, Carlini y Decepción. En cada una de ellas se realizó un exhaustivo recorrido por las instalaciones y su entorno inmediato. En un contexto donde cada estructura, sendero o punto de interés tiene relevancia operativa y científica, la identificación y caracterización de elementos —tanto antrópicos como naturales— resulta esencial.
El objetivo central del relevamiento fue la validación y actualización de información geoespacial estratégica que luego será integrada en tres productos fundamentales:
- El mapa de detalle de las bases, una herramienta clave para la planificación, operación y gestión del espacio, que es desarrollado por el Servicio Geográfico Militar.
- El Atlas de la Antártida Argentina, que sintetiza el conocimiento geográfico del sector y se puede consultar libremente en la web.
- La base de datos geoespaciales de Antártida, orientada a la producción cartográfica a escala regional y la conformación de un SIG multipropósito.
Las tareas principales consistieron en realizar el relevamiento de elementos geográficos del entorno, como accidentes costeros, lagunas, sectores de interés ambiental e histórico, entre otros. Con aplicaciones de mapas cargadas en los celulares, se pudieron capturar puntos georreferenciados acompañados de fotografías y descripciones (FIGURA 1). Esta información recolectada es integrada a la base de datos geográfica del IGN. Las fotografías y descripciones son utilizadas para completar la información del Nomenclador Geográfico Nacional. A su vez, los recorridos en campo sirven para corregir o validar información de gabinete.
FIGURA 1. Relevamiento de objetos geográficos y sus características

En este caso, se encuentran relevando la caleta y la aparición de una pequeña isla que se pudo visualizar al retroceder el glaciar que se observa de fondo. Fuente: Verónica Bozko.
Por otro lado, se desarrollaron actividades vinculadas con el reconocimiento de edificaciones, laboratorios, depósitos y áreas logísticas. Se capturó información que fue incorporada en el Atlas de Antártida Argentina (FIGURA 2) y representada en los mapas web.
FIGURA 2. Incorporación de información relevada en campo al Atlas de la Antártida

Fuente: Atlas de la Antártida Argentina. https://antartida-anida.ign.gob.ar.
Nombres que ordenan el territorio
Un aspecto particularmente relevante del trabajo del IGN en la Antártida es la contribución a la estandarización de los nombres geográficos, es decir, de las denominaciones propias de los lugares, accidentes naturales y construcciones humanas. Nombrar no es solo identificar un lugar, es también una forma de organizar el espacio, facilitar la comunicación, consolidar el conocimiento y no menos importante, afianzar la soberanía.
En el ambiente antártico, donde coexisten distintas tradiciones científicas nacionales, la normalización de la toponimia adquiere una importancia especial. Contar con nombres geográficos claros, consistentes y reconocidos permite evitar ambigüedades, mejorar la interoperabilidad de los datos y favorecer el intercambio de información entre instituciones y disciplinas.
El trabajo en campo consiste en validar la información contenida en diversas fuentes (cartografía de distinto origen, publicaciones científicas), contrastándola con la información obtenida del personal permanente y temporario de las diferentes bases. Esta información recolectada durante la campaña fortalece las bases de datos geográficas y los nomenclátores que el IGN se encuentra desarrollando.
En definitiva, la actualización de los productos cartográficos y las bases de datos no es un proceso meramente técnico: implica revisar, contrastar y estandarizar información proveniente de múltiples fuentes. En este sentido, el trabajo en campo es insustituible, ya que permite validar datos directamente sobre el terreno.
Acompañar la ciencia: asistencia técnica en territorio
Además de las tareas propias de relevamiento en campo, parte del equipo del IGN también brindó asistencia técnica a distintos grupos de investigación que participaron en la campaña. Esta colaboración incluyó el asesoramiento técnico en materia de geodesia y mediciones en campo como así también la participación en la delimitación de áreas especiales.
En base Decepción, en el marco de las investigaciones del Grupo Permafrost del Instituto Antártico Argentino (IAA), se ejecutaron una serie de perforaciones estratégicas para la instalación de termómetros, lo que permitirá el monitoreo continuo del perfil de temperaturas en profundidad durante todo el año. Adicionalmente, se emplazaron registradores de carga hidráulica con el fin de caracterizar la dinámica del acuífero local.
Las tareas de campo abarcaron también la medición de temperaturas superficiales en distintos sectores de la isla, con el propósito de identificar potenciales anomalías térmicas vinculadas a la actividad volcánica. De manera complementaria, se aplicaron métodos geofísicos, específicamente sondeos eléctricos verticales (SEV), para determinar la resistividad del terreno y evaluar la presencia y extensión del permafrost en el área de estudio (FIGURA 3).
FIGURA 3. Estudio geoeléctrico para el reconocimiento del permafrost

Fuente: Julieta Arendar.
En base Esperanza, se realizó el relevamiento de las zonas de nidificación de las distintas aves predominantes (pingüinos, skuas, gaviotas antárticas, gaviotines y palomas antárticas) y el reconocimiento de las sendas seguras para evitar transitar por dichas áreas y por zonas de grietas próximas a refugios cercanos a la base Esperanza.
A su vez, el personal colaboró en el reconocimiento de áreas para evaluar una posterior ampliación de los límites de la ZAEP (Zona Antártica Especialmente Protegida) Nº 148. La información de las sendas seguras y de la ZAEP fue incorporada en la carta topográfica formato especial de la Base Antártica Esperanza realizada por el Servicio Geográfico Militar del IGN (FIGURA 4).
FIGURA 4. Fragmento de carta topográfica formato especial Base Antártica Esperanza

Fuente: Servicio Geográfico Militar (IGN).
Por otro lado, personal del IGN también brindó apoyo topográfico y geodésico a proyectos del Departamento de Glaciología del IAA en la isla Vega, situada al noreste de la isla James Ross. Sobre los glaciares Bahía del Diablo y Cabo Lamb se realizaron mediciones utilizando receptores GPS de doble frecuencia para monitorear su velocidad, posición y altura. Este trabajo constituye un valioso aporte al Servicio Mundial de Monitoreo de Glaciares (WGMS) de UNEP-UNESCO. El proyecto fue una iniciativa colaborativa que reunió a expertos y científicos de diversas disciplinas con el objetivo de comprender mejor los procesos que afectan a los glaciares en estas regiones (FIGURA 5).
FIGURA 5. Personal del IGN y del IAA realizando mediciones sobre el glaciar Lamb, isla del Diablo

Fuente: Luis Martínez Quiñones.
Mirar hacia adelante
La experiencia de la Campaña Antártica de Verano 2025/2026 deja aprendizajes valiosos para futuras misiones. La integración de tecnologías, el trabajo colaborativo con otros equipos científicos y la consolidación de metodologías de relevamiento son aspectos que seguirán fortaleciéndose en los próximos años.
En un entorno donde convergen disciplinas tan diversas como la biología, la geología, la oceanografía, la meteorología, entre otras, la dimensión espacial de los datos es un componente transversal. Contar con apoyo especializado en cartografía y georreferenciación permite mejorar la calidad de los resultados científicos y facilitar su integración en sistemas de información más amplios.
El desafío es continuar avanzando hacia una cartografía cada vez más precisa, actualizada e interoperable, que acompañe el crecimiento de la actividad científica y logística en la Antártida.
Porque en el continente blanco, como bien resume el espíritu del trabajo realizado, no alcanza con estar: hay que medir, registrar y ordenar la información con precisión. En ese camino, el IGN tiene un rol destacado, no solo describiendo el territorio, sino también proyectando el compromiso argentino con el conocimiento, la ciencia y la soberanía.
Autora
María Dolores Puente. Licenciada en Geografía. Responsable del Área de Geografía, Dirección Nacional de Servicios Geográficos, Instituto Geográfico Nacional. dpuente@ign.gob.ar
Se agradece la colaboración del personal que participó de la Campaña Antártica de Verano 2025/2026, Luis Martínez Quiñones, Julieta Arendar, Verónica Bozko, Clodomira Pereyra y Emilio Madero, y también a quienes aportaron información, Ricardo Torres y Nicolás Cuenca.



