Antártida Argentina: ciencia, territorio y presencia sostenida

Antártida Argentina: ciencia, territorio y presencia sostenida

Antártida Argentina
Por Sabrina Juárez.

El continente antártico es el más recientemente incorporado al conocimiento humano y se encuentra circunscripto al sur del paralelo 60°S. Su territorio, marcado por condiciones físicas extremas y al mismo tiempo profundamente fascinante, ha despertado desde hace siglos el interés de exploradores, científicos y Estados. Cubierta casi en su totalidad por hielo, la Antártida posee una superficie aproximada de 14.000.000 km² durante el verano, extensión que prácticamente se duplica en invierno debido al congelamiento de los mares circundantes.

Desde las primeras hipótesis sobre la existencia de una Terra Australis Incognita hasta las expediciones científicas de los siglos XIX y XX, la Antártida pasó de ser un territorio desconocido e imaginado a convertirse en un espacio clave para la producción de conocimiento científico. Este proceso de descubrimiento y exploración no solo permitió conocer sus características físicas, sino también comprender su relevancia en el funcionamiento del sistema terrestre.

A pesar de su apariencia inhóspita, el continente antártico cumple un rol central en el equilibrio ambiental global: sus masas de hielo regulan el nivel del mar, sus corrientes influyen en el clima planetario y su biodiversidad —adaptada a condiciones límite— ofrece claves esenciales para comprender procesos naturales y los impactos de la variabilidad climática¹ . En este sentido, el continente se constituye también como un verdadero archivo ambiental, donde los registros contenidos en el hielo permiten reconstruir la historia climática de la Tierra y proyectar escenarios futuros.

Clima y dinámica oceánica

En el clima predominantemente frío de este continente, las temperaturas permiten diferenciar dos regiones claras. Por un lado, la zona costera, donde la temperatura media en verano es cercana a los 0 °C, mientras que en invierno puede descender más allá de los –30 °C. Por otro lado, en la meseta polar, hacia el interior del territorio, las condiciones son aún más extremas: en los meses estivales rondan los –20 °C y en invierno pueden alcanzar los –60 °C.

Los vientos y las corrientes oceánicas que rodean al continente funcionan como una barrera que dificulta el ingreso de aire y aguas cálidas del norte. De esta manera, las aguas antárticas conforman un ecosistema único, fuertemente influenciado por la Corriente Circumpolar Antártica, que circula alrededor del planeta e intercambia aguas entre los océanos Pacífico, Atlántico e Índico (Tosonotto et al., 2022).

Estas condiciones convierten a la Antártida en un espacio clave para el estudio del clima global. Los procesos que allí se desarrollan tienen impacto directo en otras regiones del planeta, lo que refuerza su importancia como laboratorio natural para la investigación científica internacional.

Regiones de la Antártida

Teniendo en cuenta las características geográficas y geológicas, el continente puede dividirse en tres grandes regiones (Lirio et al., 2022): la Antártida Oriental, las Montañas Transantárticas y la Antártida Occidental (FIGURA 1):

  • Antártida Oriental: constituye el sector donde afloran las rocas más antiguas del continente, que conforman el basamento sobre el cual se apoya la mayor masa de hielo de toda la Antártida. En esta región, el espesor del hielo puede alcanzar hasta 4500 metros.
  • Montañas Transantárticas: este encadenamiento montañoso, de aproximadamente 4000 km de longitud y con sectores que superan alturas de 4500 m, separa la Antártida Oriental de la Occidental. Gran parte de sus cordones se encuentra parcialmente cubierta por el manto de hielo.
  • Antártida Occidental: esta región, que incluye a la península Antártica, se caracteriza por la presencia de rocas más jóvenes sobre las cuales se desarrollan extensas barreras de hielo y glaciares de gran porte y densidad. La carga de hielo provoca el hundimiento del terreno por debajo del nivel del mar, generando que, en comparación con la Antártida Oriental, la capa de hielo en este sector sea más delgada.

La diversidad geológica y morfológica del continente influye directamente en la dinámica de los glaciares, en los procesos ambientales y en las posibilidades de desarrollo de investigaciones científicas en cada región.

FIGURA 1. Regiones geológicas

Grandes regiones
Fuente: Atlas de la Antártida Argentina.

Biodiversidad antártica

La flora y la fauna no son tan abundantes como en otras regiones del planeta, motivo por el cual la Antártida suele denominarse “desierto blanco”. Sin embargo, la vida que allí existe se caracteriza por una notable adaptación a las condiciones extremas, siendo mucho más rica y diversa en el medio marino que en el terrestre.

La flora se limita principalmente al desarrollo de musgos y líquenes especialmente en las zonas costeras mientras que la fauna incluye distintas especies de pingüinos (como el pingüino barbijo, de adelia y papúa), focas (por ejemplo la de Weddell y cangrejera) (FIGURA 2), cetáceos y krill, el cual es la base de la cadena trófica de este ambiente. También hay una gran variedad de aves como skúas, albatros y petreles. Asimismo, existe una biodiversidad menos visible, pero no por ello menos importante como son hongos, microorganismos, bacterias y pequeñísimos invertebrados..

FIGURA 2. Especies de pingüinos y focas

fauna antártica
1. Pingüino barbijo. 2. Pingüino de adelia. 3. Pingüino papúa.4. Foca de Weddell. 5. Foca cangrejera.
Fuente: Diego Ferrer (DNA-IAA) y Sabrina Juárez.

La Antártida como laboratorio natural global

La Antártida es uno de los ambientes más valiosos del planeta para la producción de conocimiento científico. Sus condiciones ambientales extremas, su relativo aislamiento y su baja intervención humana la convierten en un laboratorio natural ideal para el estudio de procesos físicos, biológicos y atmosféricos a distintas escalas.

En este contexto, el continente permite investigar fenómenos que resultan difíciles de observar en otras regiones del mundo, como la actividad geomagnética. Las investigaciones en glaciología, por ejemplo, aportan información clave sobre la dinámica del hielo y su relación con el clima global. Del mismo modo, los estudios en oceanografía y meteorología permiten comprender las interacciones entre la atmósfera y los océanos, fundamentales para el funcionamiento del sistema terrestre.

A su vez, la Antártida es central para el estudio de la capa de ozono y de los procesos atmosféricos asociados, evidenciando el impacto de las actividades humanas a escala global. Por otra parte, la biodiversidad antártica representa un campo de estudio relevante para disciplinas como la biología, la microbiología y la biotecnología.

El desarrollo de estas investigaciones se sustenta en una amplia red de cooperación internacional, en el marco del Sistema del Tratado Antártico, que promueve el intercambio de información, la coordinación de proyectos y el uso compartido de infraestructuras. En este sentido, la ciencia se constituye no solo como una actividad central en la Antártida, sino también como un puente que articula esfuerzos entre distintos países.

En este contexto, la Argentina ocupa un lugar destacado. Su relación con el continente es histórica, sostenida y estratégica, basada tanto en la proximidad geográfica como en una presencia ininterrumpida que se remonta a comienzos del siglo XX.

El Sector Antártico Argentino

El Sector Antártico Argentino comprende la porción del continente delimitada entre los meridianos 25° y 74° de longitud oeste, al sur del paralelo 60° Sur, incluyendo islas, mares y plataformas de hielo asociadas. Este territorio forma parte de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur² (FIGURA 3).

FIGURA 3. Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur

Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
En rojo la delimitación del Sector Antártico Argentino.
Fuente: Instituto Geográfico Nacional (IGN).

En este sector, Argentina desarrolla de manera permanente e ininterrumpida, desde 1904 –durante cuarenta años fue el único país en estar presente en la Antártida–diversas actividades científicas, logísticas, ambientales y de apoyo a la comunidad internacional, reafirmando su compromiso con el conocimiento, la cooperación y el uso pacífico del continente. La instalación del observatorio de Orcadas marcó el inicio de una presencia continua que constituye uno de los hitos más relevantes de la historia antártica.

Bases científicas argentinas

La República Argentina cuenta con trece bases científicas (FIGURA 4), siete permanentes –habitadas y operativas durante todo el año– (Belgrano II, Carlini, Esperanza, Marambio, Orcadas, Petrel y San Martín) y seis temporarias–activas únicamente durante los meses estivales– (Brown, Cámara, Decepción, Matienzo, Melchior y Primavera). En ellas se desarrollan investigaciones en biología, glaciología, geología, oceanografía y meteorología, entre otras.

Las actividades científicas que allí se desarrollan se enmarcan en proyectos impulsados por distintos organismos técnicos y científicos nacionales, coordinados por la Dirección Nacional del Antártico (DNA) y con la planificación y el apoyo logístico del Comando Conjunto Antártico (COCOANTAR), en el marco del Plan Anual Antártico.

Más allá de su función científica, las bases son espacios de vida en condiciones extremas. Allí, el personal enfrenta aislamiento, temperaturas rigurosas y desafíos logísticos, desarrollando tareas en un entorno que exige adaptación constante y trabajo interdisciplinario coordinado.

FIGURA 4. Bases científicas en el Sector Antártico Argentino

Bases antárticas argentinas
Fuente: Atlas de la República Argentina (IGN, 2025).

Infraestructura y logística

Para poder llevar adelante la vida y las actividades antárticas, las bases cuentan con edificaciones que cumplen distintas funciones, tanto operativas como habitacionales.

Cabe señalar que, en la Antártida –incluido el Sector Antártico Argentino– existen zonas con mayor accesibilidad que otras, lo que hace imprescindible la presencia de ciertas infraestructuras, como pistas de aterrizaje para aviones o helicópteros, siempre que las condiciones lo permitan. Sin embargo, hay bases en las que el arribo solo es posible por vía marítima.

Las campañas antárticas implican una planificación detallada que se desarrolla con meses de anticipación y requiere la coordinación de múltiples actores. En el caso argentino, intervienen organismos científicos, técnicos y operativos, encargados tanto del diseño de los proyectos de investigación como de su ejecución y apoyo logístico. El transporte de personal, equipamiento, combustible y provisiones se realiza mediante una combinación de medios navales y aéreos, lo que demanda una organización compleja y altamente especializada. En este sentido, la logística es un componente esencial para el desarrollo de las actividades científicas, ya que garantiza las condiciones necesarias para la permanencia y el trabajo en el continente.

El Sistema del Tratado Antártico

Las actividades argentinas en la Antártida —al igual que las de otros países que desarrollan investigaciones científicas en estas latitudes— se enmarcan en el Sistema del Tratado Antártico (STA). Este sistema está compuesto por el Tratado Antártico y diversos instrumentos internacionales. Entre los más relevantes se encuentra el Protocolo de Madrid de 1991, que aborda múltiples aspectos vinculados con la protección ambiental, tales como la evaluación de impacto, la conservación de la flora y la fauna, la gestión y el tratamiento de residuos y la prevención de la contaminación marina.

Asimismo, forman parte destacada del STA la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), orientada a la preservación de los ecosistemas marinos, y la Convención para la Conservación de Focas Antárticas (CCFA), cuyo objetivo es regular la protección de las distintas especies de focas en el ambiente antártico. A estos instrumentos se suman las Recomendaciones y Medidas adoptadas en las Reuniones Consultivas del Tratado Antártico, que actualizan y complementan el marco normativo vigente.

El Tratado Antártico, firmado en 1959 y en vigor desde 1961, establece que la Antártida debe ser utilizada exclusivamente con fines pacíficos, prohíbe toda actividad de carácter militar, promueve la libertad de investigación científica y fomenta la cooperación internacional. Además, congela las reclamaciones de soberanía territorial —sin anularlas ni reconocer nuevas— y crea un marco singular de gobernanza internacional.

La República Argentina es uno de los doce países signatarios originales del Tratado y ha mantenido un rol activo y sostenido en su fortalecimiento. A través de su participación en las Reuniones Consultivas, contribuye a la toma de decisiones relativas a la protección ambiental, la regulación de las actividades humanas y la preservación de la Antártida como reserva natural consagrada a la paz y a la ciencia.

En este contexto, resulta pertinente considerar que, si bien la Antártida se configura hoy como un espacio de cooperación internacional, también presenta una dimensión geopolítica que aporta complejidad a su análisis. Diversos países han formulado históricamente reclamos de soberanía sobre porciones del continente, algunos de los cuales se superponen. Entre los casos más significativos se encuentra el sector reclamado por la República Argentina, que coincide parcialmente con las pretensiones de Chile y el Reino Unido.

Sin embargo, el propio STA establece un marco particular al “congelar” estas reclamaciones: si bien no las anula, tampoco permite su ampliación ni el reconocimiento de nuevas demandas territoriales. Este acuerdo ha sido fundamental para evitar conflictos y garantizar que el continente permanezca destinado a fines pacíficos y científicos.

Más allá de esta estabilidad jurídica, el continente blanco posee una creciente importancia estratégica en el contexto global. Su ubicación, su influencia sobre los océanos y el clima planetario, y su rol en la regulación ambiental la convierten en un territorio clave para el futuro de la humanidad. Asimismo, la posible existencia de recursos naturales —como hidrocarburos, minerales o recursos pesqueros, particularmente el krill— ha despertado interés internacional. Sin embargo, el Protocolo de Madrid prohíbe actualmente toda actividad vinculada a la explotación minera, reforzando su carácter de reserva natural.

En este escenario, la presencia sostenida de los países, el desarrollo de capacidades científicas y logísticas y la participación activa en los organismos del Sistema del Tratado Antártico adquieren un valor estratégico. De este modo, la Antártida se configura como un espacio singular donde convergen la cooperación internacional, los intereses nacionales y los desafíos globales, proyectándose como un territorio clave en las discusiones sobre el futuro ambiental y político del planeta.

Cartografía y conocimiento del territorio antártico

El conocimiento de la Antártida se construye también a través de su representación. La cartografía permite organizar la información geográfica, facilitar la investigación y apoyar la toma de decisiones en un territorio donde las condiciones extremas dificultan la observación directa y el trabajo de campo sostenido.

A diferencia de otros continentes, la elaboración de cartografía antártica presenta desafíos particulares: la cobertura casi permanente de hielo, las condiciones meteorológicas adversas y la escasez de puntos de referencia estables complejizan las tareas de relevamiento. En este contexto, el desarrollo tecnológico ha resultado fundamental. El uso de imágenes satelitales, sistemas de posicionamiento global (GPS), la aerofotogrametría y herramientas de teledetección permite obtener información precisa y actualizada sobre la superficie y las transformaciones del territorio.

Asimismo, los Sistemas de Información Geográfica (SIG) han adquirido un rol central en la integración, análisis y visualización de datos, facilitando el estudio de procesos ambientales, la planificación de campañas científicas y la gestión logística de las bases. De este modo, la cartografía no solo representa el territorio, sino que también se convierte en una herramienta clave para su comprensión y monitoreo.

En el caso argentino, la producción cartográfica cumple además una función estratégica. La Ley N.º 26.651, conocida como Ley del Mapa Bicontinental, establece la representación del Sector Antártico Argentino en la misma escala que el territorio continental e insular, lo que contribuye a visibilizar su verdadera dimensión y a fortalecer la noción de integridad territorial. En este marco, organismos como el IGN desempeñan un papel fundamental en la generación y difusión de cartografía oficial, consolidando el conocimiento del territorio antártico y su proyección en el ámbito nacional e internacional.

Personal del IGN en CAV
Personal del IGN en trabajo de campo (CAV 2025/2026).

Comentarios finales

En el contexto actual, la Antártida continúa consolidándose como un espacio de relevancia en la agenda científica y ambiental internacional. Los estudios que allí se desarrollan permiten profundizar el conocimiento sobre diversos procesos naturales, en particular aquellos vinculados a la dinámica del hielo, los océanos y la atmósfera. En este sentido, la continuidad de las investigaciones y el fortalecimiento de los sistemas de monitoreo resultan fundamentales para comprender la evolución de estos procesos a lo largo del tiempo.

Al mismo tiempo, las actividades humanas en el continente —principalmente asociadas a la investigación científica, la logística y el turismo— requieren una planificación cuidadosa y el cumplimiento de normativas específicas orientadas a la protección del ambiente. El Sistema del Tratado Antártico proporciona el marco necesario para regular estas actividades, promoviendo un equilibrio entre el desarrollo de la ciencia y la conservación del entorno.

El Ojo del Cóndor reúne en este número una serie de artículos que dan cuenta de las múltiples actividades que nuestro país lleva adelante en la Antártida: investigaciones científicas, tareas logísticas, desarrollos tecnológicos, experiencias humanas y acciones de cooperación. A través de estas páginas, se invita al lector a conocer y reflexionar acerca de un territorio singular, sobre el compromiso sostenido del país con la ciencia y la paz, la importancia de continuar fortaleciendo su conocimiento y preservación en el marco de los acuerdos internacionales vigentes.

Notas

¹ Se refiere a las fluctuaciones de las condiciones climáticas promedio de una zona determinada
² Esto se encuentra definido en la Ley 23.775 sancionada en 1990.

Bibliografía

  • Instituto Geográfico Nacional. (s. f.). Atlas de la Antártida Argentina. https://antartida-anida.ign.gob.ar/
  • Instituto Geográfico Nacional. (s. f.). Argentina y el mundo: Antártida. Atlas Nacional Interactivo de Argentina (ANIDA). Instituto Geográfico Nacional. https://anida.ign.gob.ar/publicacion/argentina_mundo/antartida.html
  • Instituto Geográfico Nacional. (2025). Atlas Geográfico de la República Argentina. Instituto Geográfico Nacional.
  • Lirio, J., Concheiro, A. y Contado, L. (2022). Geomorfología. Atlas de la Antártida Argentina. Instituto Geográfico Nacional.
  • Tosonotto, G., Ruiz, E. y Sierra, M. (2022). Oceanografía. Atlas de la Antártida Argentina. Instituto Geográfico Nacional.

Autora

Sabrina Juárez. Licenciada y Profesora en Geografía. Analista de Aplicación Científica, Sector de Publicaciones, Dirección Nacional de Servicios Geográficos, Instituto Geográfico Nacional. sjuarez@ign.gob.ar