Guardaparques en la Antártida Argentina: una historia con mentor y objetivos comunes
Guardaparques en la Antártida Argentina: una historia con mentor y objetivos comunes

Por Administración de Parques Nacionales.
La historia de Parques Nacionales en relación a la Antártida Argentina es extensa y comprende hitos destacados, un mentor compartido y el sello distintivo a nivel global: nuestro país es el único del mundo que desde hace más de treinta años destina oficialmente y de manera ininterrumpida a guardaparques hacia el continente blanco, la mayor área protegida del planeta.
El Tratado Antártico involucra a más de veintinueve países con estaciones científicas y personal encargado de gestionar su protección. Sin embargo, solo Argentina presenta un programa específico de guardaparques con participación sostenida para este fin (FIGURA 1). Pero ¿cómo nació esta historia, a qué eventos y personajes se remonta y en qué consiste la presencia de estos agentes preparados para la conservación de la naturaleza en cada uno de los rincones de nuestra patria, incluido este extremo austral?
Si bien existen antecedentes varios, que se remontan desde la propia guerra de independencia de nuestro país hasta la actividad de buques foqueros y balleneros nacionales, la exploración en la zona y la primera misión de rescate en la Antártida a cargo del Capitán Julián Irizar; el inicio de la historia antártica argentina oficial puede situarse en el establecimiento de la Estación Meteorológica, observatorio Geomagnético y Estafeta Postal Antártica en la isla Laurie, perteneciente al archipiélago de las Orcadas del Sur, el 22 de febrero de 1904. Este acontecimiento de importancia mundial convirtió a la Argentina en el primer país del mundo en instalarse en el sector antártico y mantener su presencia e investigación científica de manera oficial e ininterrumpida en este continente.
FIGURA 1. Guardaparques Nacionales durante la última Campaña Antártica de Invierno

Fuente: Administración de Parques Nacionales (2025).
La visión del perito Moreno y el camino compartido
El vínculo que une a la Administración de Parques Nacionales con la Antártida tiene dos nexos fundamentales: uno de carácter fundacional y otro institucional. El primero de ellos se debe a un protagonista que resultó crucial tanto para la creación del sistema de áreas protegidas de la Argentina como para el desembarco definitivo de nuestra nación en el continente blanco.
El 6 de noviembre de 1903, el perito Francisco Pascasio Moreno (FIGURA 2) concretó la donación de tierras al Estado Nacional en la zona de Puerto Blest con el objeto de crear un parque público natural, en lo que se considera el puntapié inicial para el nacimiento de los Parques Nacionales argentinos. A fines de ese mismo año, Moreno recibió al Dr. William Bruce (FIGURA 2), quien estaba al mando de la Expedición Antártica Escocesa y llegaba de las islas Orcadas del Sur, donde había instalado una pequeña estación geomagnética. Bruce arribó al puerto de Buenos Aires con el objetivo de obtener el financiamiento que Gran Bretaña le había negado para continuar su expedición.
FIGURA 2. Perito Francisco Pascasio Moreno

Fuente: Administración de Parques Nacionales.
Guiado por su sobresaliente visión geopolítica y espíritu patriota, Moreno realizó las gestiones necesarias con el Ministerio de Agricultura —por aquel entonces a cargo de la Oficina Meteorológica Argentina—, logrando la compra por parte del Estado Nacional de las mejoras de la estación construida por Bruce, quien pudo obtener los fondos necesarios para su expedición, con el fin de establecer el Observatorio Meteorológico y Geomagnético y la Estafeta Postal Orcadas que dieron inicio a la historia oficial argentina en la Antártida en 1904.
De esta manera, en tan solo meses el Dr. Francisco Pascasio Moreno influyó profundamente en la concreción de dos hitos de la soberanía nacional: la presencia argentina en la Antártida y el desarrollo de Parques Nacionales para la consolidación de las fronteras y la conservación del patrimonio natural y cultural del país.
No sería hasta muchos años después, con posterioridad a la firma del Tratado Antártico en 1959, la aprobación de la Convención para la Conservación de Focas Antárticas (CCFA) en 1972, la Conferencia sobre la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA) en 1980 y, principalmente, del Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente en 1991; que el continente Antártico, sus aguas e islas circundantes resultarían designados como “reserva natural consagrada a la paz y a la ciencia”, convirtiéndose en la mayor área protegida del planeta, con objetivos de conservación definidos. En este marco histórico en el que Argentina destaca como pionera en la función de conservación y gestión de dicha área, la presencia nacional en la Antártida y los Parques Nacionales del país exhiben en Francisco Moreno un mentor compartido y objetivos de conservación similares.
Tras este origen con denominador común, ambas historias volverían a encontrarse transcurrida buena parte del siglo XX. A finales de la década de 1980, el Instituto Antártico Argentino había iniciado la búsqueda de personal para llevar a cabo las tareas de campo de sus proyectos de investigación durante todo el año en la Base Orcadas. La demanda no era sencilla pero encontró en la figura del guardaparque un arquetipo hecho casi a medida de los requerimientos de esta misión: agentes de conservación con una formación que incluye desde aspectos técnicos, con conocimientos sobre biología, ecología y demás componentes de las ciencias ambientales, hasta la ineludible experiencia en terreno adquirida en los más variados entornos a lo largo y ancho del país.
Fue así como, luego de las primeras participaciones y postulaciones sin un marco institucional definido, se oficializó en 1991 la firma de un convenio de colaboración técnica recíproca entre la Dirección Nacional del Antártico (DNA) y la Administración de Parques Nacionales (APN), a partir del cual esta última destina anualmente dos agentes para participar en las Campañas Antárticas de Invierno. Desde entonces, los guardaparques nacionales demostraron su capacidad para el trabajo en terrenos inhóspitos, con experiencia en toma de datos y muestras biológicas, adaptación a la vida en zonas aisladas, capacidad para desplazarse a pie o con esquíes en terrenos montañosos y glaciarios u operar embarcaciones menores en el mar bajo las condiciones que la Antártida impone en forma segura y responsable. Esto generó que desde la DNA también se requieran guardaparques para participar de Campañas Antárticas de Verano en bases, refugios o campamentos con objetivos y tareas específicas para cada caso.
La labor de los guardaparques en la Antártida
La participación de los guardaparques en las campañas de invierno se desarrolla de manera anual y exclusivamente en la Base Orcadas. Bajo los lineamientos del programa de trabajos científicos a implementar en esta base establecido por el Instituto Antártico Argentino, los agentes ejecutan los protocolos para el monitoreo del ecosistema antártico, incluyendo diferentes proyectos de biología de aves (FIGURA 3) y mamíferos marinos, plancton, macroalgas, dosimetría y botánica, entre otros; así como la operación y mantenimiento de equipos vinculados a geodesia y sismología, la atención de los visitantes de cruceros y el cuidado de los refugios Cormorán y Geddes, cercanos a la base.
FIGURA 3. Guardaparques en desarrollo de proyectos de biología de aves

Fuente: Administración de Parques Nacionales.
En las campañas de verano, en cambio, los guardaparques se desempeñan durante períodos variables —desde 15 días a meses— en otras bases como Carlini (Ex Jubany), Esperanza y Primavera, en refugios o incluso en campamentos móviles en las islas Cerro Nevado y James Ross. Allí realizan tareas que responden a proyectos específicos y en las que, además del monitoreo ambiental, se encargan de los aspectos logísticos. Estos pueden abarcar desde el armado de campamentos, mantenimiento de refugios, operación de equipos de comunicaciones, generadores, cocina, porteo de equipo, guía y seguridad en terreno. En los últimos años se sumó además en varias oportunidades un técnico de la Dirección Nacional de Áreas Marinas Protegidas de la APN con el fin de realizar estudios oceanográficos a bordo del Rompehielos Irízar a lo largo de la campaña estival.
Las actividades que hoy, y desde hace más de 30 años de manera oficial e ininterrumpida, realizan los guardaparques en el continente blanco son una representación más de los objetivos institucionales de la Administración de Parques Nacionales y su Cuerpo de Guardaparques Nacionales, en estrecha relación con la Dirección Nacional del Antártico: la extensión de la conservación del patrimonio natural y cultural, el apoyo a la investigación científica, la educación ambiental y la soberanía nacional hacia una de las 18 ecorregiones que componen la notable diversidad Argentina.
La experiencia plasmada en un mapa
Desde 1990 los guardaparques que participan de las campañas de invierno vuelcan sistemáticamente la información toponímica, cartográfica y biológica que recolectan durante sus salidas al terreno y navegaciones en torno a la isla Laurie en un registro conocido como Libro de Guardia. En 2022, el guardaparque Fernando Morosini se dedicó a compilar, editar y georreferenciar estos valiosos datos para su entrega al Instituto Geográfico Nacional con el fin de contribuir a la producción y difusión de la información geográfica de nuestro país.
El resultado de este trabajo conjunto es un mapa (FIGURA 4) que concentra el conocimiento acumulado por la experiencia histórica de la Administración de Parques Nacionales en este sector antártico, ofreciendo una base actualizada para la planificación operativa en las Islas Orcadas.
FIGURA 4. Mapa de referencias y áreas de trabajo de guardaparques en Isla Laurie

Fuente: Guardaparque Nacional Fernando Morosini (2022).
Autores
El artículo fue escrito por personal de la Dirección de Comunicaciones y Relaciones Institucionales de la Administración de Parques Nacionales (APN). comunicacion@apn.gob.ar



