La Argentina en el Polo Sur, cuatro oportunidades, cuatro éxitos

La Argentina en el Polo Sur, cuatro oportunidades, cuatro éxitos

Argentina en el polo
Por Eugenio Facchin.

Introducción

La Argentina llegó al Polo Sur en cuatro oportunidades. La primera fue en 1962, con la expedición de la Aviación Naval Argentina. En 1965 se concretaron la segunda y la tercera: una por vía aérea, a cargo de la Fuerza Aérea Argentina (FAA), y otra por vía terrestre, realizada por el Ejército Argentino (EA). La cuarta tuvo lugar en el año 2000, cuando se llevó a cabo una nueva expedición terrestre del EA.

El presente artículo reconstruye esas cuatro experiencias y se basa en el relato de algunos actores de estas expediciones, entrevistados por el autor. Estos protagonistas han dejado huellas en la Antártida de una manera tan profunda que se convirtieron en un hito histórico.

Cada expedición tuvo su particularidad. La primera de ellas fue el resultado de una larga lista de aprendizajes, acumulación de experiencia, mejoras tecnológicas y una metódica formación de cuadros. La llevó adelante la Aviación Naval comandada por el Capitán de Fragata Quijada.

La segunda expedición fue llevada adelante por el Vicecomodoro Olezza que tuvo dos intentos: el primero culminó en la Base Belgrano con la destrucción del avión y la casi pérdida de su vida; y el segundo tuvo éxito. La tercera expedición fue también el resultado de un extenso proceso de formación y una larga y tediosa lucha contra la burocracia. A diferencia de las anteriores, fue una expedición terrestre del EA comandada por el coronel Leal. Esas primeras expediciones se enmarcaron en las rivalidades de las Fuerzas Armadas entre sí. No obstante, los actores no protagonizaron esas expediciones desconectados unos de otros, sino que estaban motivados por el mismo patriotismo.

La última expedición al polo fue al inicio de este siglo y tuvo un origen muy distinto. Luego de años de amesetamiento de la actividad antártica, el comandante antártico del EA, el Coronel Perandones, sintió la necesidad de romper esa práctica y brindarle nuevos bríos, incentivos y otra mirada a la acción. En ese contexto, había profesionales formados, tecnología y voluntad.

La Armada llega por primera vez al Polo Sur con su Aviación Naval

Desde el primer vuelo argentino sobre la Antártida realizado por la Aviación Naval en 1942, pasando por el desarrollo de la aerofotografía aplicada a la cartografía que brindara mayor seguridad para la navegación y la unión aérea entre el continente americano y la Antártida concretada en 1952, la experiencia y capacidades adquiridas constituyeron antecedentes fundamentales que posibilitaron la posterior llegada argentina al Polo Sur (Margalot, 2008).

El 5 de diciembre de 1961, la Aviación Naval despegó de Ezeiza hacia Río Gallegos y, el 18 de diciembre, se dirigieron desde allí hacia la Antártida, aterrizando en una pista auxiliar cercana a la Base Matienzo (FIGURA 1). El 26 de diciembre, despegaron hacia la Base Ellsworth. Allí, solucionaron problemas de combustible y de los JATO (Jet Assisted Take Off)¹ , de los cuales carecían, ya que el rompehielos que los transportaba no había llegado. Usaron nafta común que había en la base y JATO existentes en los pañoles (depósitos). Cuatro científicos americanos que estaban en la base se sumaron al viaje.

FIGURA 1. Avión utilizado por la Armada Argentina en el primer vuelo al Polo Sur

avión de la Armada Argentina
Fuente: Argentina.gob.ar.

El 6 de enero de 1962, aterrizaron a las 21:23 en el Polo Sur. Allí, colocaron una placa recordando el cincuentenario de la primera llegada al Polo Sur por parte de un ser humano. Luego de un breve descanso, visitaron el mástil enclavado en el polo, donde se izó por primera vez la enseña patria con sentida emoción y patriotismo. El 7 de enero a las 06:38 despegaron hacia Ellsworth, como parada intermedia, y arribaron al Aeroparque Jorge Newbery el 22 de enero de 1962.

El Vicecomodoro Mario Luis Olezza, a puro coraje y obstinación

En el contexto de competencias dentro de las Fuerzas Armadas, Olezza (2006) afirmó que su incentivo para llegar al Polo Sur fue la vergüenza que le generó saber que, el 6 de enero de 1962, la Aviación Naval había aterrizado en el Polo Sur, ya que, si bien sentió alegría por el logro argentino, consideraba que esas rutas debían ser abiertas por la FAA.

A partir de su motivación para llevar a la FAA al Polo Sur, le permitieron tener a disposición un avión C-47, al que había que probar en algún lugar de Argentina que tuviera cierto parecido con la Antártida. El lugar elegido fue el glaciar Upsala, en la cordillera de los Andes, donde la FAA aterrizó por primera vez con esquíes.

El 7 de julio de 1962, luego de esa experiencia, comenzó la planificación que los llevaría a adentrarse en el continente blanco. Con cartas aeronáuticas en mano, se midieron distancias y pensaron las modificaciones y mejoras que inexorablemente le debían hacer al avión para convertirlo en una aeronave apta para llegar al polo y continuar vuelo: fuselaje, equipos de navegación polar, instrumentos de vuelo triplicados, calefacción especial, equipo personal y de supervivencia, permisos de sobrevuelo y apoyos (Olezza, 2006).

La preparación de la aeronave estuvo signada por severos inconvenientes técnicos y logísticos, entre ellos un sobrepeso extremo y la falta de los dispositivos JATO previstos, cuya no disponibilidad obligó a improvisar soluciones precarias; finalmente, durante el intento de despegue del 10 de diciembre de 1962, una falla en uno de los JATO provocó un incendio a bordo que destruyó completamente la aeronave, forzando la evacuación de la tripulación y el abandono definitivo de la operación, con el consecuente regreso al continente americano sin haber logrado el aterrizaje en el Polo Sur.

En 1963, Olezza retomó su proyecto de vuelo al Polo Sur, pese a la reticencia inicial de sus autoridades. Luego de sortear inconvenientes, logró que le otorgaran materiales y personal para la hazaña. Esta vez lo haría con un avión TA-05, un C-47 profundamente modificado. A fines de septiembre de 1964, se realizó un vuelo de prueba hacia la Antártida. Luego, a principios de 1965, se llevó a cabo otra prueba con una turbina agregada en la cola del TA-05 y se aterrizó en Matienzo. En ese contexto, el EA solicitó apoyo para una expedición terrestre, con una nota convenida secretamente entre el Coronel Leal del EA y Olezza, la cual allanó el camino.

Durante la estancia en la Base Matienzo, el 1° de octubre de 1965, se recibió la noticia de que un avión del EA había tenido un siniestro en proximidades de la Base Belgrano. Olezza forzó un despegue por la emergencia, lo que provocó una avería en el tren de aterrizaje. Luego de hallar al avión y ubicar a la totalidad de su tripulación, desde Buenos Aires se enviaron repuestos.

Reunidos en la Base Belgrano, el avión TA-05 y los Beaver de Matienzo, el 3 de noviembre de 1965 despegaron hacia el Polo Sur y arribaron luego de ocho horas de vuelo. El 20 de noviembre, el TA-05 se dirigió a McMurdo y cumplió así el primer vuelo transpolar argentino. El 25 de noviembre, emprendió el regreso desde McMurdo, sobrevoló el Polo Sur sin aterrizar y se le acoplaron los Beaver. Estos últimos volvieron al continente americano desarmados en un rompehielos, mientras que el TA-05 voló y arribó con honores a Buenos Aires el 20 de diciembre de 1965.

Operación 90, argentinos por tierra al Polo Sur

La primera expedición terrestre del EA² se denominó Operación 90 y estuvo comandada por el Coronel Leal. En sus memorias, Leal dejó en claro las dificultades con las que se enfrentó y su posicionamiento en contra de las intervenciones militares en cuestiones políticas. Allí describió múltiples inconvenientes en la planificación del proyecto: obtención de financiamiento para equipos, el envío de topógrafos para capacitarse en el exterior en navegación en cercanías al polo, compra de equipos necesarios y la necesidad de convencer a diversos organismos que debían brindar apoyo logístico e institucional. A todo ello, se le sumaba un constante cambio de autoridades, tanto en el Ejército como en el Poder Ejecutivo Nacional, motivado por la inestabilidad política que se vivió en la década de 1960 en Argentina.

La preparación para la expedición requirió dos años previos para el envío de material, selección de personal y planificación de la logística en el campo. Gustavo Giró Tapper, el segundo jefe de la expedición, estuvo encargado de la preparación previa del equipo y del estudio de la geografía y las dificultades a las que se iban a enfrentar. En su rol como jefe de la Base Belgrano, le propuso a Leal que adelantara la expedición varios meses. Con una base adelantada en funcionamiento —el refugio Sobral— y con la logística pronta, Leal llegó desde Buenos Aires y montó su vehículo para emprender la expedición. Giró Tapper fue también el responsable de realizar mediciones científicas durante las paradas a lo largo del camino. La expedición inició el 24 de octubre de 1965 (FIGURA 2).

FIGURA 2. Patrulla de la Operación 90 rumbo al Polo Sur

patrulla al Polo sUR
Fuente: Leal (2021).

El 10 de diciembre divisaron las instalaciones de la Base Amundsen-Scott a las 09:30. Instalaron un mástil e izaron la bandera argentina. El 15 de diciembre comenzaron el regreso. Recuperaron los vehículos abandonados previamente en el camino y el 24 de diciembre festejaron Navidad en la Base Sobral. Arribaron a la Base Belgrano el 31 de diciembre de 1965, lugar al que también había arribado el rompehielos ARA San Martín, que los transportó hasta Ushuaia.

Despertar del letargo antártico

Tras décadas de la primera expedición, el Coronel Felipe Perandones planificó una nueva llegada al Polo Sur por parte del Ejército. Seleccionó para liderar la expedición al Teniente Coronel Víctor Figueroa. El recorrido fue de 5.000 km, donde se transportaron 13 toneladas de carga en motos de nieve en los trayectos de ida y vuelta. Los expedicionarios se sometieron durante todo el camino a sensaciones térmicas de −45 °C, con jornadas de avance de más de doce horas, interrumpidas por breves descansos. Sumado a esas dificultades, en los inicios de la aventura durante el invierno, debieron transportar 300 toneladas de insumos a la Base Belgrano II, ya que el hielo le impidió a un rompehielos acercarse a la base y quedó a 100 km y la carga fue depositada en la barrera de hielo.

Los siete miembros partieron el 28 de noviembre de 1999, con la perspectiva de recibir al año nuevo del 2000 en el Polo Sur, pero el 24 de diciembre los sorprendió aún a 900 km del polo. Recién el 5 de enero arriban al polo y la bandera argentina fue izada nuevamente en el Polo Sur (FIGURA 3). Luego de un merecido descanso y reparar las averías de motos y trineos, el 8 de enero inician el regreso.

FIGURA 3. Equipo de expedición en la Base Amundsen-Scott

patrulla en Base Amundsen-Scottl
Fuente: defoline.com.

Conclusiones

La Argentina hizo pie en el Polo Sur en cuatro oportunidades, todas ellas enmarcadas en circunstancias institucionales y políticas diferentes, pero unidas por un invisible hilo conductor de oro: la misma pasión, el profesionalismo y los riesgos asumidos, como parte de una inmaterial construcción en la que los vuelos de Pujato resultaron fundamentales y fueron aprovechados por la expedición de Quijada de la Aviación Naval. A su vez, esa experiencia sirvió de base para Olezza y Leal y, posteriormente para Figueroa.

El único objetivo nacional fue demostrar la capacidad de la República Argentina para acometer desafíos extremos, con pluralidad de hombres y medios. Hoy la actividad antártica permite al Estado Nacional cumplir con metas científicas y logísticas de gran envergadura, siguiendo la senda que esas personas señalaron con su profesionalismo, empeño y entrega.

Notas

¹ Los JATO son cohetes que se adosan al fuselaje del avión para brindarle un mayor impulso en el despegue, en casos de pistas muy cortas y aviones con sobre carga. Esos impulsores son de corta duración y sólo se utilizan en los despegues.
² El legado de diversas personalidades del EA permitió logros posteriores. Entre ellos se encuentran: el General Hernán Pujato, el Coronel Toribio Vaca y el Mayor Gustavo Giró Tapper, quienes aportaron miradas e iniciativas antárticas.

Bibliografía

  • Margalot, P. (2008). Primeros argentinos en el Polo Sur. Buenos Aires: Servicio de Hidrografía Naval.
  • Olezza, M. L. (2006). El valor del miedo. Asociación Amigos de la Biblioteca Nacional de Aeronáutica: Buenos Aires.
  • Leal, J. E. (2021). Memorias de un antártico. Ushuaia: Museo Marítimo de Ushuaia.

Fuentes orales

Entrevistas realizadas a: General de división Edgar Jorge Leal, Coronel Miguel Felipe Perandones, General de división Víctor Figueroa, Sargento ayudante Alfredo Florencio Pérez y Capitán de Navío Pedro Margalot.

Autor

Eugenio Facchin. Capitán de Navío (R) VGM, Doctor en Ciencia Politíca y Licenciado en Sistemas Navales. Investigador, Facultad Militar Conjunta, Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF). eugeniofacchin@gmail.com